
El Ricard tiene un contenido de alcohol del 45 % en volumen. Incluso diluido en cinco a siete volúmenes de agua, un vaso estándar aporta una dosis de etanol comparable a la de una copa de vino o una pinta de cerveza. Esta alta concentración acelera el paso del etanol en la sangre y, por lo tanto, su contacto con dos órganos particularmente expuestos: el hígado y el cerebro.
Acetaldehído y glicirricina: dos moléculas que hay que conocer ante todo
Para entender los riesgos asociados al Ricard, es necesario distinguir dos sustancias activas. La primera es el acetaldehído, un metabolito producido por el hígado cuando descompone el etanol. Esta molécula está clasificada como cancerígena y ataca directamente las células hepáticas.
La segunda es la glicirricina, un compuesto natural de la regaliz. El Ricard, al igual que otros pastis, contiene regaliz entre sus ingredientes. La glicirricina interfiere en el metabolismo del cortisol y provoca una retención de sodio, lo que puede elevar la presión arterial. La Anses ha emitido advertencias sobre el consumo de productos que contienen regaliz, especialmente para las personas que sufren de hipertensión arterial.
Un artículo que detalla los efectos del Ricard en el cerebro y el hígado recuerda que este doble mecanismo (etanol más glicirricina) distingue al pastis de otros licores fuertes.

Alcohol y hígado: de la esteatosis hepática a la cirrosis
El hígado se encarga de casi toda la degradación del alcohol. Cuando se le somete a un esfuerzo repetido, los daños siguen una progresión bien documentada.
- La esteatosis hepática (hígado graso alcohólico) aparece primero. Las células hepáticas acumulan grasas. En esta etapa, la interrupción del consumo permite una regresión completa.
- La hepatitis alcohólica corresponde a una inflamación del hígado. Se manifiesta con dolores abdominales, una fatiga intensa y a veces ictericia. Sin un cambio de comportamiento, puede volverse grave.
- La cirrosis es la etapa irreversible. El tejido hepático funcional es reemplazado por tejido cicatricial (fibrosis). El hígado ya no cumple correctamente sus funciones de filtración y síntesis.
El punto a recordar: la esteatosis a menudo se instala sin síntomas perceptibles. Un consumo diario de pastis, incluso limitado a uno o dos vasos, mantiene al hígado bajo presión continua. El hígado solo puede procesar una cantidad limitada de alcohol a la vez, y cualquier exceso circula en la sangre a la espera de ser metabolizado.
Por qué el Ricard agrava el riesgo hepático en comparación con otros licores
La glicirricina de la regaliz modifica el equilibrio hidroelectrolítico del cuerpo. Este desequilibrio impone un trabajo adicional al hígado, que ya está ocupado descomponiendo el etanol. En las personas cuya función hepática ya está debilitada, esta doble carga puede acelerar la progresión hacia una hepatitis o cirrosis.
Reducción del volumen cerebral: lo que muestran los datos de neuroimagen
Un estudio realizado por la Universidad de Pensilvania, publicado en Nature Communications, analizó los datos de imágenes cerebrales de varios miles de participantes. El resultado es inequívoco: pasar de un a dos vasos estándar al día está asociado a una reducción medible del volumen de sustancia gris y blanca. Esta pérdida de volumen es comparable a la provocada por varios años de envejecimiento cerebral.
La relación entre el consumo de alcohol y la atrofia cerebral no presenta un umbral claramente protector. En otras palabras, la noción de “consumo moderado sin efecto” no está validada por estos trabajos de imagen.
Encefalopatía hepática: cuando el hígado enfermo alcanza el cerebro
Investigadores de la Universidad de Ginebra (UNIGE) y de la Universidad de Lausana (UNIL), en colaboración con el CHUV y la EPFL, han demostrado que un mal funcionamiento crónico del hígado provoca perturbaciones moleculares en el cerebro en el transcurso de dos semanas, incluso antes de la aparición de síntomas físicos visibles. Las células astrocitarias del cerebro presentan una morfología alterada, con un acortamiento de sus prolongaciones.
Esta encefalopatía hepática es una consecuencia directa de la incapacidad del hígado para filtrar correctamente las toxinas, especialmente el amoníaco. El exceso de amoníaco atraviesa la barrera hematoencefálica y perturba el funcionamiento de las neuronas. Los síntomas varían desde confusión leve y trastornos de la concentración hasta estados de desorientación severa.

Hipertensión arterial y regaliz: un riesgo cardiovascular subestimado
La glicirricina presente en las bebidas anisadas como el pastis provoca un aumento de la presión arterial al favorecer la retención de sodio y la pérdida de potasio. La Anses recomienda a las personas que sufren de hipertensión arterial limitar su consumo de productos que contengan regaliz, ya sean bebidas, golosinas o suplementos alimenticios.
En un consumidor regular de Ricard, los efectos de la glicirricina se suman a los del alcohol sobre el sistema cardiovascular. El alcohol en sí eleva la frecuencia cardíaca y puede provocar trastornos del ritmo. La combinación de ambos mecanismos aumenta el riesgo de accidentes cardiovasculares, especialmente en personas mayores de cincuenta años o aquellas que toman tratamientos antihipertensivos.
El hecho de que el pastis se consuma diluido y se perciba como una bebida ligera de aperitivo oculta la realidad de esta doble exposición. La dilución reduce el sabor del alcohol, no su toxicidad. Un Ricard bien alargado sigue siendo un vaso de alcohol fuerte añadido de glicirricina, y el cuerpo lo trata como tal.
La peligrosidad del Ricard no se debe a una toxicidad excepcional de la bebida en sí, sino a la combinación de tres factores: un alto contenido alcohólico, la presencia de glicirricina y un modo de consumo regular a menudo banalizado. El hígado soporta los daños en silencio durante años, el cerebro pierde volumen sin señal de alerta, y la presión arterial se eleva sin que el vaso de aperitivo sea sospechado.